¡Suscríbete a nuestra newsletter!

Alta costura y topos bulímicos

02/02/2011

Manuel Rodriguez Rivero

Hace tiempo que quería referirme a la editorial Elba, uno de los proyectos editoriales más interesantes surgidos en los últimos meses en un sector en el que abundan las nuevas propuestas a cargo de emprendedores que nadan contra corriente. Contra corriente significa, en este contexto, a contrapelo del mainstream cada día más uniformizador y clónico del que no se despega (salvo reconfortantes y escasas sorpresas) la programación editorial de los grandes grupos. Pero también contra la crisis y la palpable (que se lo pregunten a los sufridos libreros) restricción del gasto en la compra de libros. Elba es un buen ejemplo de esa voluntad de distinguirse imaginativamente, pero sin histrionismos, de tanto producto previsible en las mesas de novedades. En el medio año que lleva publicando ya ha conseguido hacerse notar como un sello de nicho y exigente y, quizás por ello, poco compatible con la vorágine de un mercado bulímico que engulle con ansiedad y devuelve lo que no asimila instantáneamente. Buenas traducciones, textos cuidados, cubiertas dignas y funcionales, cuando no exclusivamente tipográficas, son otros tantos elementos que plantean un evidente guiño de ojo a un lector que, aunque ya inmerso en lo digital, ama tanto la estética del libro de siempre como esas familiares sensaciones -el leve rumor de las páginas al ser pasadas, por ejemplo- que acompañan la lectura pausada. Incluso algunos de los libros se publican intonsos, por lo que el lector debe separar las páginas para poder leerlas, una anacrónica operación que prolonga en el plano físico la sensación de desvelamiento inherente a toda lectura. Elba publica obras breves: básicamente literatura memorialística y textos de y sobre artistas, entendiendo el término en su sentido más amplio. Hace unas semanas leí con provecho la pequeña selección de Cartas sobre el arte, 1916-1956, de Marcel Duchamp, en las que se manifiesta de modo particularmente espontáneo su visión iconoclasta de lo que ahora entrecomillamos como "obra de arte". Pero hoy quiero recomendarles especialmente las Cartas a Yves, que recoge las que Pierre Bergé escribió, a modo de adiós definitivo, a su socio y amante Yves Saint-Laurent, tras la muerte de éste en junio de 2008. Bergé, empresario, millonario, socialista, militante homosexual y conspicuo mecenas y coleccionista de arte, conoció a Yves Saint-Laurent en 1958, poco después de su ruptura sentimental con el pintor Bernard Buffet, quien, a su vez, se había enamorado perdidamente -y contra todo pronóstico- de la cantante, modelo y escritora (y luego su musa) Annabel Schwob. Cuando se conocieron, Saint-Laurent trabajaba como estilista en la casa Dior y ya se había hecho notar en el competitivo mundo de la haute couture. Aquel encuentro inició una apasionada relación amorosa y una fructífera alianza profesional que duró medio siglo. Bergé fue el artífice económico y gerencial de la carrera artística de su amante: consiguió fondos para montarle su propia firma, financió todos sus proyectos y le permitió dedicarse exclusivamente a la creación. Estas cartas dirigidas a quien ya no podía leerlas son el emocionante testimonio de aquel amor y de la soledad y el desgarro que abatieron a Bergé, los mismos que han experimentado todos los amantes a quienes separa la muerte: "Por mucho que me esfuerce en vivir como si no hubiese pasado nada (...) no hay nada que hacer: tropiezo una y otra vez con tu ausencia". Un hermoso libro, apasionado y culto, y una despedida que es, a la vez, el repaso elegíaco de una fascinante vida en común.

Compártelo en

Comentarios (0)

Deje un comentario

Usted está comentando como invitado.