Cuando viajar era un arte

Attilio Brilli

Mi Nueva York
  • Colección: Elba
  • Traducción: José Ramón Monreal
  • ISBN: 978-84-122009-2-8
  • Nº de edición:
  • Formato: 12,5 x 20 cm
  • Páginas: 256
  • P.V.P.: 22.50 €

¿Qué es el arte de viajar en nuestros días, cuando los desplazamientos se han vuelto obligatorios e incesantes? En otras épocas, aquellos que tenían ocasión de peregrinar a sus anchas supieron practicarlo como uno de los más refinados. El Grand Tour, emprendido entre los siglos xvii y xix por los miembros de las clases altas en compañía de auténticos eruditos que les hacían de guías, es la mejor ilustración de ello. Este viaje a través de Europa, y más específicamente hacia Italia, constituía una experiencia didáctica cuyo objetivo era la formación del joven noble. Se partía para enfrentarse con lo foráneo y para conocer los vestigios de las civilizaciones antiguas, y era, sobre todo, una respuesta a la vieja exigencia formulada por Montaigne: «Se debe viajar para conocer el espíritu de los países que se recorren y sus costumbres, y para frotar y limar nuestro cerebro con el de los demás».
Reconstruir la historia artística y literaria del Grand Tour significa también examinar sus aspectos materiales: los medios de transporte, las formas y normas de la hospitalidad, el trasfondo social de los viajeros y la percepción que sus contemporáneos tenían de estos aristócratas fuera de sus países. Attilio Brilli nos abre las puertas de esa dimensión histórica y literaria del viaje, mostrando el desarrollo del Grand Tour como una prolongación del humanismo. Al final de sus páginas entenderemos no sólo en qué consistió, en otro tiempo, el arte de viajar, sino también que su desaparición supuso el fin de una de las formas más bellas de la aventura intelectual.

La prensa ha dicho

«El Grand Tour, precursor espiritual del turismo»
Mauricio Bernal, El Periódico

«Cuando viajar era un arte: la novela del Grand Tour»
Alfredo Urdaci, Fanfan

«Cuando viajar era un arte»
Ricardo Martínez Lorca, Culturamas

«Un consejo para viajar en el tiempo»
Miquel Molina, La Vanguardia

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